Juan Vallejo Corona fue un predador
homosexual Mexicano. |
Juan Vallejo Corona - Machete Murderer
Juan Vallejo Corona conocido como el 'Machete Murderer'
nace en el año de 1934 en México y desde
joven migró a California, a la ciudad de Yuba
City donde se establece. Se casó y formó
una familia de cuatro hijas, y tiempo después
se convirtió en contratista de mano de obra.
Su labor era altamente apreciada entre los granjeros
del lugar a quienes proporcionaba mano de obra barata,
generalmente mexicanos emigrantes que como él,
perseguían un mejor nivel de vida en Estados
Unidos.
Pero el 19 de Mayo de 1971 un granjero japonés
de la zona, sale a pasear por sus huertos de durazno
y nota que alguien ha excavado entre dos árboles
un hoyo de dimensiones semejantes a los de una tumba.
A pesar de que alrededor había cuadrillas de
trabajadores contratadas por Juan Corona pizcando durazno
quedó intrigado por el hallazgo al grado de regresar
a ver el agujero por la noche. Cual sería su
sorpresa al encontrar el hoyo relleno de tierra. Decide
llamar a la policía que en un principio no sospecha
nada extraño a excepción del hecho de
que alguien pudo haber ido a enterrar basura en una
propiedad ajena. Para sorpresa de todos al excavar los
oficiales se encontraron con el cadáver de un
hombre blanco y delgado. En vida aquel sujeto se llamaba
Kenneth Whiteacre y había sido apuñalado
en el pecho, fuertemente golpeado en la cabeza y con
varias laceraciones profundas detrás del cráneo
hasta provocarle la muerte.
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En sus ropas se pudo hallar
un pasquín de pornografía gay lo que hizo
suponer que se trataba de un homosexual. A pesar de
la horrible naturaleza del descubrimiento, para la policía
no había razón de alarmarse. Total, el
movimiento gay en boga en San Francisco había
agitado e irritado a mucha gente que bien pudo haber
liquidado al hombre como una forma de represalia.
El escritor y reportero del crimen Kidder especuló
que aquel homicidio pudo haber sido cometido por un par
de hombres, que habían salido a la caza de un encuentro
sexual y hallaron un voluntario que por algún dinero
accediera a sus peticiones. Pero luego lo mataron cuando
se negaron a pagarle el billete prometido. Los peritos
tomaron algunas impresiones de las huellas de una camioneta
que estuvo en el sitio pero no se le dio la importancia
debida al asunto y el cuerpo no fue estudiado con la minuciosidad
requerida. Debía descartarse algún tipo
de asalto sexual, aunque eso si, se determinó que
las heridas de la cabeza habían sido practicadas
cuando el hombre ya había fallecido. Después
del rapidísimo examen forense el cadáver
fue entregado a los funerarios. Los detectives concluyeron
que pudo haber sido el resultado de una pelea, un mero
suceso al azar. |
Sin embargo unos cuantos días
después se halló otro cuerpo en las huertas
de durazno de la zona. El 24 de Mayo, mientras operaban
un tractor en un rancho vecino los trabajadores tuvieron
que parar al encontrar partes de la tierra colapsadas.
De nuevo fue llamada la policía y encontraron
el cuerpo de Charles Fleming otro vagabundo del lugar.
Esta vez las autoridades actuaron con mayor cautela
y la búsqueda de mas cuerpo se intensificó
sin encontrar nada, hasta que un oficial descubrió
un pequeño camino entre la vegetación
que los condujo a una enorme tumba colectiva.
A lo largo de la rivera encontraron la tierra sospechosamente
revuelta. Cuando comenzaron a remover el suelo con las
palas encontraron las piezas claves del caso. Unas notas
del mercado de la ciudad a nombre de un tal Juan V. Corona,
despachadas hacia pocos días. Al excavar encontraron
otro cadáver, un hombre con las mismas heridas
de muerte, golpes en la cabeza y laceraciones producidas
por lo que parecía ser un machete. El sujeto enterrado
era un granjero indigente. Siguieron apareciendo cuerpos
uno tras otro en diferentes grados de descomposición
de tal modo que se pudo establecer hasta la cronología
de las muertes. |

Recuperación del cadáver encontrado en
los huertos de durazno.. |
Algunos de ellos difícilmente
podían mantenerse completos. Tuvieron que ser
colocados dentro de bolsas de plástico para su
posterior identificación. Indudablemente era
esta fosa colectiva el producto de un solo criminal
puesto que todos los cuerpos presentaban signos de un
mismo ritual de muerte. Una especie de firma, según
lo llaman los especialistas. De vez en cuando ocurren
actos violentos en una comunidad, pero los oficiales
a cargo jamás habían presenciado un entierro
colectivo como este. Las victimas aparecían con
evidentes signos de asalto sexual, con los calzones
a los tobillos y los genitales expuestos. La mayoría
habían sido trabajadores emigrantes y/o vagabundos,
asesinados con arma punzocortante y golpes a la cabeza.
Algunos habían incluso recibido un tiro. A pesar
de la evidencia contra Juan Corona, el sheriff Roy Whiteaker
hizo énfasis en el cuidado que debían
guardar sus subalternos en la recuperación de
cuerpos. Las recetas halladas eran buenas, pero para
dar un paso definitivo se debía encontrar algo
más. Entonces el objetivo se fijó en enterarse
por terceros que hubieran conocido a las víctimas
y poder ligar definitivamente al contratista con las
muertes.
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Juan V. Corona una vez detenido.
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A estas alturas de la conmoción
el sheriff Whiteaker ya conocía algunos detalles
muy oscuros acerca del contratista mexicano Juan Vallejo
Corona.
Para principio de cuentas circulaban rumores acerca de
Corona y algunos 'asuntos' suyos con hombres homosexuales,
rumores al fin. Luego estaba el hecho de que había
sido diagnosticado de esquizofrenia (1956) y conforme
a los usos médicos de entonces fue sometido a terapia
de electrochoques. También se conocía a
la perfección un macabro episodio que involucraba
a su hermano Natividad Corona, ese si conocido y violento
gay que operaba el café 'Guadalajara' en el poblado
de Marysville. Esa ocasión apareció en el
baño del lugar un joven sangrando de la cabeza,
pues con un machete le habían volado parte del
cuero cabelludo. El sujeto fue auxiliado por otros comensales
y el homosexual Natividad Corona huyó del país
hacia México. La víctima demandó
por $250,000 dólares, pero el proceso nunca fructificó
ante la ausencia del demandado. La existencia de este
lío entre homosexuales daba mucho en que pensar
acerca del señor Juan Corona. |
| En una época que
todavía no explotaba el uso de compleja tecnología
forense la única manera de construir el caso
contra Juan Corona fue mediante evidencia circunstancial.
Los fiscales sabían que las notas del mercado
podían ser rebatidas durante el juicio así
es que mediante los testimonios de muchas fuentes podían
armar un mosaico que sustituyera la evidencia que en
otros casos es concluyente y liga al asesino con las
victimas.
ALGUNAS
DE LAS VÍCTIMAS IDENTIFICADAS DE JUAN V.
CORONA |
Donald Smith |
Elbert T. Riley |
John J. Haluka |
Kenneth
Whitacre |
Charles
Fleming |
Melford
Sample |
Warren
Kelley |
Sigurd
Beierman |
William
Emery Kamp |
Clarence
Hocking |
James
W. Howard |
Jonah
R. Smallwood |
Paul
B. Allen |
Edward
Martin Cupp |
Albert
Hayes |
Raymond
Muchache |
John
H. Jackson |
Lloyd
Wallace Wenzel |
Mark
Beverly Shields |
Sam
Bonafide |
Joseph
Maczak |
Y
UNA LARGA LISTA MAS DE NO IDENTIFICADOS O PLENAMENTE
IDENTIFICADOS |
En la época de los hallazgos en los huertos,
el trabajo del departamento de policía se multiplicó
enormemente. Las labores no solamente abarcaban la exhaustiva
búsqueda de restos humanos; a pesar de haber
encontrado la tumba masiva, existía la posibilidad
de hallar cuerpos solitarios enterrados por aquí
y allá. También había que atender
a las numerosas personas que se habían enterado
del asunto y que buscaban noticias de seres queridos
desaparecidos. Así que había que investigar
y dar seguimiento a cada caso. Igualmente daba trabajo
la prensa y los curiosos que atestaban las cercanías
del entierro masivo. El 4 de Junio la búsqueda
llegó a su final. El conteo quedó en 25
cuerpos, de los cuales únicamente tres no eran
cadáveres de anglosajones, tampoco hubo uno solo
de origen mexicano. Tras un arduo proceso, todos fueron
identificados menos 4 que permanecieron en calidad de
desconocidos.
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En una de las tumbas a ras de tierra
se halló una pieza más de evidencia contra
Juan Corona. Un recibo bancario a nombre del contratista
apareció entre la tierra. El caso tomó
mucha fuerza, pero el sheriff Whiteaker convocó
a destiempo a una conferencia de prensa donde sin previo
juicio ni mayores diligencias legales inculpó
al mexicano de los crímenes. El apresuramiento
resultó contraproducente puesto que abrió
el caso al escrutinio de mas abogados y especialistas
que determinaran realmente si había evidencia
suficiente contra Corona. El mosaico de evidencias que
se pretendía formar no ayudaba al caso. Además
después de todo en los Estados Unidos nadie es
culpable hasta que se demuestre lo contrario.
Ya detenido se le comenzó a investigar a Corona
surgiendo rápidamente el detalle de que fue tratado
por sus problemas mentales años atrás
y de como había recibido una docena de tratamientos
a base de electrochoques, cuando se pensaba que eran
realmente eficaces. La información señalaba
que Corona era un pacífico hombre de familia,
padre de cuatro mujeres y un devoto que no faltaba un
solo domingo a la iglesia. Sus ingresos rondaban los
$20,000 dólares al año y no había
quejas de que abusara de los trabajadores temporales
a quienes contrataba. No faltaba la usual queja de que
no pagaba lo suficiente por el trabajo realizado. Pero
bueno, ¿qué contratista en esta vida paga
lo justo? Sin embargo, existía el testimonio
de quienes hablaban de un Juan Corona irascible y violento
y de que había sido visto rondar los entierros
tras las huertas. El reportero Kidder visitó
al inculpado en la cárcel para cerciorarse de
su estado mental y lo que vio fue a un sujeto triste,
en actitud humilde pero principalmente deprimido. Se
dice que durante su juicio sufrió dos ataques
cardiacos y pasaba su tiempo tomando clases de pintura.
La evidencia forense presentaba múltiples dificultades.
La sangre hallada en la camioneta resultó ser
de un trabajador herido que había sido transportado
en dicho vehículo. Su famoso machete no presentaba
rastros sanguíneos y la de otros lugares resultó
ser pintura.
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Fueron encontrados 25 cadáveres, cuatro de ellos
no pudieron ser identificados, pero se supone que pudieron
no localizarse algunos enterrados en otras zonas de
la plantación. |
Las huellas de llanta halladas
en los sitios no concordaron con las de la camioneta
tampoco, la bala hallada en uno de los cadáveres
tampoco perteneció a la pistola de Corona, en
fin que ni las marcas de herida de machete ligaban con
certeza al contratista con los muertos. Inclusive el
acusado contaba con una coartada pues durante el tiempo
de la muerte de varios de los enterrados estaba usando
muletas para caminar.
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El juicio contra Juan V. Corona fue sumamente
largo y tedioso. El procedimiento se tornó en una
lucha de intereses entre los abogados de la defensa y
los de la parte acusadora, en este caso del Estado de
California. Las principales disputas giraron en torno
a la evidencia forense y a su complicada y fallida recopilación.
Ningún especialista que pasó a rendir testimonio
en la corte pudo asegurar al 100% que los cuchillos y
el machete de Corona estaban conectados con los cadáveres
encontrados. En cuanto a la sangre, igual ningún
especialista pudo establecer de manera convincente que
hubiera conexión entre las muestras de los muertos
y las manchas y gotas encontradas en los efectos personales
y la propiedad del acusado. Salieron a flote tantos y
tan complicados detalles que muchas veces se perdió
la perspectiva de los crímenes para enfocarse en
la efectividad de los analistas y aún de su reputación
profesional. Aún las recetas y recibos hallados
en los entierros fueron puestos en duda, al sugerirse
que tal vez alguien quiso inculpar de manera a Corona
con los asesinatos. Hubo quien sugirió que se revisara
la antigüedad de cada cadáver y el de las
notas para poder dilucidar si fueron puestas después
o cayeron en las tumbas en el momento mismo del crimen.
Esta estrategia puso al descubierto errores de procedimiento
por parte de los forenses al clasificar los cuerpos, los
cuales fueron numerados de diferente manera por los médicos
contra el sistema con que la policía los fue etiquetando.
Luego estuvo el hecho de que nadie pudo concluir que Juan
V. Corona fuera homosexual, este hecho hubiera resultado
crucial dada la evidencia de que los crímenes tenían
una motivación notoriamente sexual. Hawk, el abogado
defensor nunca llevó ningún testigo clave
al estrado y aunque no lo nombró explícitamente
basó gran parte de su estrategia en sugerir, que
había sido el hermano de Juan, es decir Natividad
Corona, el verdadero responsable de la matanza. |
Para complicar mas el juicio
resulta que se le acusó a Corona por los 25 crímenes,
multiplicando así en costos monetarios y de tiempo
las diligencias respectivas. Usualmente cuando se acusa
a un multihomicida basta con procesarlo por uno o dos
crímenes de la multitud que se le adjudican,
pero en este caso ese detalle de atiborrar de acusaciones
constituía la estrategia de la parte acusadora
para conformar un caso ganador. Es decir, cimentar el
mosaico de evidencias circunstanciales de que habíamos
hablado párrafos atrás. Finalmente ambas
partes dieron por agotados su trabajo y el jurado decidió
que Juan V. Corona era culpable de 25 homicidios y en
consecuencia el juez recetó 25 cadenas perpetuas
con derecho a libertad condicional.
Poco tiempo después Corona volvió a juicio
puesto que un nuevo grupo de abogados tomó la
defensa del caso y decidió que no se le había
defendido correctamente en su primer juicio. De hecho
nadie se explica el porque su primer abogado defensor
no hizo nada por alegar incapacidad mental. Estaba claro
y documentado que Corona había sido sometido
a electroshocks. Sin embargo este nuevo lance probó
ser ineficaz y costoso, pues se estima que a los contribuyentes
californianos el chiste les salió en varios millones
de dólares. Básicamente el jurado argumentó
que Corona era el mas probable culpable por la evidencia
de su bitácora personal donde había anotado
un registro de los nombres de varias de las victimas
halladas y siendo de ese modo, no se modificó
la sentencia del juicio anterior. Siendo que hasta esa
evidencia no estaba exenta de controversia y que fue
materia de mucho debate entre especialistas en grafología.
En cuanto a Corona, no lo pasó bien en la cárcel
los primeros años, puesto que fue atacado por 4
internos quienes lo cosieron a puñaladas, casi
muriendo y perdiendo un ojo tras el ataque. Se recuperó
y a la fecha continúa purgando sentencia en la
prisión estatal de Corcoran en California. Padece
de demencia senil y su salud no es buena. |
Fuente: http://asesinatoserial.net/corona.htm
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